Durante la conquista, los indo americanos tuvieron que soportar no solo el choque con la cultura europea sino que también los olores corporales de los españoles que no se cambiaban de ropa y no acostumbraban a bañarse.

Además tuvieron que padecer el extraño y nuevo olor de los caballos, animal no conocido en América y que era una extensión del conquistador.

Nos cuenta la Historiadora y escritora Helena Alberu en su libro El Canto de la Princesa Olvidada, como a su llegada a Tlaxcala, los conquistadores fueron recibidos en el palacio de los nobles y fue necesario poner incensarios con copal afuera de las habitaciones de los capitanes, ya que el olor de los recién llegados era tan fuerte y desagradable para los indígenas que hacia muy difícil la convivencia.

Para los habitantes de América era natural el baño diario, y eran amantes de la limpieza, por esa razón fue algo ofensivo el olor corporal de los conquistadores y para poder tolerarlo ellos respondieron con una fumigación a través del incienso (copal) cada que se acercaban. Los españoles lo tomaron como un honor, pero para los aztecas era una necesidad práctica.

El siglo 16 fue uno de los períodos más sucios de la historia europea. Los españoles tenían desconfianza de su propia limpieza. Ellos pensaban que los baños calientes eran los responsables de sus enfermedades: si el agua caliente abría sus poros, por ahí se les iba a meter la enfermedad; así que evitaban el agua tanto como fuera posible

A pesar de que los Aztecas carecían de jabón, lo compensaron con un fruto llamado copalxocotl y la raíz pegajosa del xiuhamolli; ambas generaban suficiente espuma como para lavar el cuerpo y la ropa. El enciclopédico Códice Florentino, escrito con los informantes aztecas poco después de la Conquista, incluye una pequeña ilustración y descripción de la amolli (planta jabón), la cual es larga y estrecha como juncos y su flor es de color blanca.

Sus documentos también hacen mención frecuente a desodorantes, ambientadores y dentífricos. Además de bañarse en lagos y ríos, los aztecas tenían los temazcales, lugares que además de purificar su alma, les daba un baño de vapor y acelerar la transpiración para limpiar al organismo con ramitas y hierbas. Casi todos los edificios tenían al menos uno.

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