Esta es la historia de Lili, contada por Inocencia García. Ambas valientes Guerreras de Galilea 2000 A.C Que maravilla saber que gracias a Proyecto IMMI podemos poner un granito de arena en su lucha por la vida.

“Cuando conocí a Lili, en diciembre pasado, ella caminaba ayudada por un bastón, la vi en raras ocasiones cuando salía de su cuarto para ir al baño. Yo acababa de llegar al albergue Galilea 2000 A.C. Me iban a operar del seno derecho, todavía me sentía sana e iba y venía cantando por patios y pasillos.

Lili, una mujer joven, de apenas 38 años se encontraba ahí por un cáncer de columna y le estaban aplicando radiaciones, la acompañaba su mamá; doña Tere, una incomparable mujer que goza de la nobleza, la sencillez, y la cualidad del servicio incondicional, como todas las mujeres del pueblo. Venían de la Ruana, tierra caliente de Michoacán; válgame decir aquí que es uno los estados más pobres y abandonados del gobierno, en donde más faltan los servicios médicos.

Lili comenzó con unas molestias en un pecho y acudió al médico que le hizo un ligero diagnóstico y le mando hacer una mamografía, todo esto en una clínica particular, cuenta que le pareció tan caro que opto por no hacerse los estudios, como el cáncer en un principio no duele, lo dejo para “ai luego”. Pasó el tiempo y aquellas bolitas le surgieron en el otro pecho, pero a Lili su sueldo no le alcanzaba ni siquiera para la consulta médica, siguió dejando pasar el tiempo hasta que un día notó que arrastraba un pie para caminar… y luego el otro… hasta que ya no pudo pararse de la cama.

Fue entonces que su mamá se puso a pedir dinero a familiares y amigos, hacer rifas y vender cena para sacar más dinero del que habitualmente ganaba limpiando casas, todo para traer a Lili al Hospital Civil de Guadalajara.

Cuando llegaron al hospital y le mandaron hacer varios estudios, al dar su veredicto, perdón, el diagnostico; la doctora sentenció a Lili a 8 meses de vida… y les dijo que se regresarán a su tierra a esperar una muerte segura pero tranquila.

Pasaron los ocho meses en los que las gentes de la Ruana se portaron muy solidarias y a Lili nunca le faltó lo más necesario. Pero Lili no se murió. Entonces doña Tere decidió hacerle la lucha ¡cómo la iba dejar morir! Convocó a toda la familia y les comunicó su decisión, y muy en contra de cometarios fatalistas decidió traerla de nuevo a Guadalajara.

Cuenta Lili que antes de llegar al Hospital Civil le pidió a su mamá que la llevara a la Catedral, ahí le estuvo rezando a un santo que ella expresa ni sabía quién era, que claramente le dijo: “Tú lucha; y yo te salvaré” Con esa certeza llego con el Dr. Oseguera, que con su habitual sonrisa y cariñosa actitud la hizo tener buenas esperanzas.- “A que Dra. tan drástica, vamos a luchar por tu vida hasta donde Dios nos lo permita” le dijo este bendito médico a quien muchas le debemos la vida.

¡Y comenzó la titánica batalla! Radiaciones y quimios al mismo tiempo. Pero Lili tenía muchas ganas de vivir, el gran amor de su madre, un hijo de trece años, y una ilusión; ¡estaba enamorada!
Con el tratamiento desapareció el tumor de la columna y poco a poco comenzó a caminar, también los tumores de los pechos comenzaron a ceder, luego la operaron extirpándole los dos senos”.

“Ahora Lili está fuera de peligro, sigue un tratamiento preventivo de vacunas ¡¡¡Y se piensa casar!!! “.